viernes, 27 de abril de 2012

Paradojas

Cuando  nos  preguntamos  cuáles  son  las  virtudes de  una persona  se suelen  nombrar la solidaridad,  la comprensión, la sinceridad, el amor, la justicia… Y sin embargo  parece que actualmente prima  el lema: de bueno, tonto. Así que cuando observamos los requisitos  para ascender en la  escala social se  necesita  ser ambicioso, astuto, egoísta, en definitiva, la  competición guiada por el ánimo de lucro. Pero  si no queremos que estos valores sean los que dirijan nuestra vida privada, tampoco deberíamos potenciarlos para el ámbito laboral. Bienvenidos a la paradoja de nuestro sistema.
Porque el ser humano es capaz de actuar de forma cruel y egoísta, pero también lo es de realizar las obras más altruistas, e igual de sobrecogedoras. La cuestión es cual de los dos caminos escogemos para enfocar nuestra vida. Y hay un factor que resulta decisivo a la hora de elegir, cual es la opción más fácil. Las leyes de ahora están creadas de forma que en muchas ocasiones hacer lo correcto, entendido como una moralidad basada en los principios ya descritos, puede suponer un sacrificio y se encuentran muchos obstáculos que desincentivan. Por eso la solución es tan simple que se hace tremendamente difícil de aplicar. Desde la legislación se deberían emitir decretos encaminados hacia este propósito como dictan las Constituciones. A esto el economista Christian Felber le llama búsqueda del bien común.
Hoy en día comprar productos éticos y ecológicos a buen precio parece una hazaña. El problema reside en que las marcas contaminantes, con precarias condiciones laborales, que explota incluso a niñas y niños; obtiene más beneficios económicos que una empresa que sea ecológica, que otorgue salarios decentes, sin vulnerar ningún derecho. Si cosecha mayores ganancias se debe principalmente a que las ofertas son más baratas, y Occidente no será pobre, pero nos conocemos de sobra, la población apuesta por los productos más asequibles aunque sean más perjudiciales. Por eso debería ser iniciativa de los Estados corregir este defecto imperdonable.
Una manera efectiva para instar a las empresas podría ser bajar los tipos de interés, aduanas reducidas, y por otro lado poner cuantiosas multas, impuestos altos, y todo tipo de óbices burocráticos a las que perjudiquen; con el fin de que las empresas que más aporten al bien común sean las que puedan ofrecer los precios más atractivos. Porque puedo equivocarme, pero seguro que si en una estantería encontramos dos productos homólogos y en uno sabemos que discriminan a la mujer, que dan una vida útil insignificante para que no tardes en comprar más, que destruyen mercancía para no producir stock, que vierten residuos, que pagan una miseria a sus empleados siendo los dirigentes millonarios… Y en el otro sucede todo lo contrario, ¿Cuál compraríamos si además el segundo tiene un precio notablemente inferior? Por este motivo son tan esenciales las ventajas legales. O incluso si el Estado estuviera dispuesto, se podrían crear empresas nacionales que cumplieran los requisitos. En algunas áreas necesarias como por ejemplo la energía, apostar por un suministro renovable que saliera del bolsillo del contribuyente vía impuestos para volver al mismo ciudadano con la misma utilidad que las energías empleadas ahora y además a menor precio. Así llegamos a otra paradoja, las compañías que más perjudican al planeta, englobando las repercusiones sobre la naturaleza así como las de materia social, son las que más venden, las que más se expanden y las que acaban convirtiéndose en fuente de poder. Y los Lobbys y presiones que acechan el panorama político impiden que se potencien los productos éticos que sí aportan beneficios a todas las personas, presentes y futuras.
Hasta que los Estados no se desprendan de esta sombra oscura, negra como su dinero, no podrá incorporar las medidas pertinentes para que se cambie de modelo. Porque el déficit democrático también es una barrera hacia el cambio, y este considero que es el paso más delicado. Pues a lo largo de la explicación de las ventajas de orientar la economía hacia el bien común estamos tratando al Estado como un ente abstracto. Pero no lo es. También esta compuesto de personas, que deberían estar al servicio de la comunidad que lo forma. Y gran parte de la población lleva tiempo reivindicando que no se puede seguir así, que esta crisis ha sido un aviso de que el sistema esta tocando tope. Lo que debería haber sido una señal de que había que buscar alternativas ha sido interpretado como una barra libre para el neoliberalismo.
Y lo más inquietante es que en vez de dar marcha atrás se pretende meter quinta, solo se habla de crecimiento económico. Pero crecimiento infinito en un planeta finito también es paradójico. Pero de esto ya no se quiere ni hablar y mucho menos oír. Aquí entramos nosotros, los ciudadanos, esa mayoría humana tratada como una minoría por la minoría que dispone de un poder mayoritario ¿? Visto que desde arriba no están dispuestos a cambiar los valores destructores que gobiernan, habrá de hacerse desde abajo.
Así pues,  por qué no dar facilidad desde las leyes a los elaboradores de productos éticos, a las agrupaciones cooperativas y a los asuntos necesarios para la vida; porque se nos anima a consumir cosas que ni necesitamos. La competencia extrema ahoga a pequeños y medianos comercios exaltando un tipo ideal de multinacional que compra títulos para ganarse la confianza de un consumidor que termina poniéndose una venda para no saber qué compra y así poder dormir tranquilo por la noche. Pero en un sistema donde se ponga énfasis en la cooperación y en la ayuda mutua, parece lógico que también se anime a reproducirlo en la vida laboral, entre las distintas distribuidoras de los bienes y servicios del bien común, y entre territorios; porque en un mundo globalizado, igual que ahora hay competencia internacional podría haber cooperación internacional. Así se seguiría a gran escala los mismos pasos que se intentan secundar en las casas. Porque en las familias se suele pretender que haya un clima de apoyo incondicional, de cariño, de respeto. Y si esto es lo necesario para crecer sano emocionalmente y para ser feliz, lo suyo sería que se aspirara a elevarlo a todas las esferas cotidianas. Y para los escépticos, tranquilos, claro que no es tan simple, sino ya se habría hecho. Somos conscientes de que los valores positivos no siempre guían nuestros actos y palabras, más difícil sería que se acataran espontáneamente en un sistema abocado a la ambición sin límites. Pues aquí entran otra vez las medidas legislativas, porque igual que ahora se educa y se apremia a ser consumista, individualista, etc. Se puede dar un giro copernicano y que el concepto de éxito sea justamente el contrario. Como se nos fanatiza desde arriba es natural que cueste nadar a contracorriente, pero si desde las leyes se favorece a personas, corporaciones y países que cumplan éticamente, lo difícil sería -en teoría- comportarse de forma antagónica.
Si hubiera democracia real, la ciudadanía podría ir modificando los fallos, depurando las leyes injustas, limando cualquier resquicio a través del diálogo. Y si nos centramos en las relaciones humanas, en lo necesario, en vez de en lujos superfluos a costa de lo que sea. Entonces y solo entonces, la economía dejará de encontrarse en el punto de mira, como la amalgama de gráficas financieras que nos presentan, que no han servido de beneficio más que a unos cuantos a cambio del retroceso en el caso de Occidente y de una catástrofe para los países subdesarrollados. La crisis es la máxima prueba de que hasta que no cambiemos de modelo no podemos mejorar. Porque al fin y al cabo, ayudando a los demás te ayudas a ti mismo, ayudándote a ti mismo ayudas a los demás.

sábado, 21 de abril de 2012

Con los ojos puestos en Andalucía

Hoy se han dado a conocer las líneas principales de la política que, supuestamente, va a seguir el nuevo gobierno autonómico andaluz. Para cualquiera que pudiera pensar que las cosas continúan igual en este territorio, es suficiente con echar una ojeada al programa presentado por la coalición de izquierdas que debe sustentar al nuevo gobierno. El PSOE andaluz, uno de los más fuertes dentro de la agrupación socialista, junto con IU, quien se ha convertido en depositario de la confianza de buena parte de la sociedad andaluza han presentado un plan de acción que muestra la marca inconfundible de la coalición izquierdista, y su voluntad por provocar un giro hacia la izquierda del ejecutivo presumiblemente liderado por Griñán.

Entre estas propuestas encontramos puntos que se situan en una posición diametralmente opuesta a la política del gobierno central. Una de ellas es la formación de un fondo de crédito público, que cumpla la función social de las entidades financieras, es decir, la concesión de crédito, frente al irresponsable abandono de ésta por parte de la banca privada. Otra iniciativa anunciada es el refuerzo de la progresividad de los impuestos, así como un mayor gravamen a las grandes fortunas, ambas medidas destinadas al aumento de los ingresos de la administración. Además de estas políticas concretas, se anuncia un fuerte compromiso con la creación de empleo para paliar la elevada tasa de desempleo de la comunidad (más del 31 %), respaldado por una importante inversión pública; también se anuncia una mayor democratización del sistema, buscando una mayor participación ciudadana en política. Por último, el último detalle es la voluntad manifiesta de la cúpula directiva de IU de integrarse en el ejecutivo de Griñán, iniciativa que no es compartida por la totalidad del partido, pero que tendrán que decidir los militantes el próximo día 28.

Si estas propuestas llegan realmente a salir adelante, encontramos una situación política de lo más original en el panorama nacional, que merece ser el centro de atención de la vida política de los próximos cuatro años.

En primer lugar, tenemos a un PSOE obligado a escorarse hacia lo que, supuestamente, son las políticas que le corresponde hacer. El partido socialista se lo juega todo en Andalucía: tiene la oportunidad de demostrar si realmente es un partido de izquierdas, o es necesaria una refundación completa de la izquierda socialdemócrata. También tiene, por cierto, la oportunidad, si las políticas producen buenos resultados, de “hacerse la foto” junto a unas políticas claramente obra de IU, que de otro modo el PSOE no hubiera llegado a aplicar.

En segundo lugar, Izquierda Unida tiene la oportunidad de mostrar la efectividad, o no, de sus propuestas. La izquierda gobernará Andalucía, pero no una izquierda desnaturalizada e institucionalizada, sino una izquierda que lleva muchos años fuera de la primera línea del sistema, y que ha estado preparando un programa político renovado, que ahora pondrá en práctica. Esta izquierda va a aplicar unas políticas que están respaldadas por un amplio sector de científicos sociales (economistas, sociólogos, politólogos), y que encuentran ahora el momento de demostrar si son o no válidas para su aplicación en una sociedad real. Tendríamos, por fin, las políticas que exige a gritos un sector importante de la ciudadanía. No subestimemos este punto, pues Andalucía se convierte ahora mismo en el centro de atención de la izquierda no solo española, sino europea. Con toda la unión monetaria dominada por el neoliberalismo, Andalucía será el único lugar donde se lleven a cabo políticas totalmente diferentes a las impuestas por el BCE, y la izquierda europea no podrá –o no debería- ignorar este hecho.

Ahora bien, también cabe ser prudente. IU se enfrenta, en el supuesto de que entre en el gobierno, al desafío de depurar una administración que no se saca airear desde hace 30 años, y ya se sabe la porquería que puede llegar a acumular una administración cerrada durante tanto tiempo.

Ahora bien, y aquí llega la parte crucial del análisis, no debemos olvidar que no estamos hablando de un Estado soberano, sino de una comunidad. Es cierto que su estatus de Comunidad Histórica1 le sitúa en mejor posición, pero no por ello deja de estar en parte limitada por la administración central y por la espada de Damocles de la Ley de Estabilidad Presupuestaria. No debemos olvidar, y os puedo asegurar que el pacto andaluz tampoco lo olvida, que Madrid hará todo lo posible y lo imposible para hacer fracasar unas políticas que, no solo son opuestas a la línea de actuación neoliberal del Partido Popular desde el gobierno, sino que además son potencialmente peligrosas, por mostrar a la población un ejemplo de salida social de la crisis, lo que puede tener un impacto político enorme, en términos de aumento de apoyo social a la izquierda, y con ella a Izquierda Unida. 

Por supuesto, tampoco olvidemos el peso de los lobbys empresariales y financieros, que pueden recurrir práctica del boicot económico, a la que ya han recurrido en otras ocasiones para hundir regímenes que amenazaban su status quo.

El tiempo tendrá que decir, en primer lugar, si el nuevo gobierno andaluz cumple lo prometido, en segundo, si se depura el subsuelo que han ido produciendo los treinta años de administración socialista, y en tercer lugar, si Madrid y los grandes intereses económicos no sabotean el programa, potencialmente efectivo, del gobierno andaluz.

Confiemos en que la naturaleza díscola de Izquierda Unida le permita defender con uñas y dientes el programa al que tanto apelan, y no olvidarlo; confiemos también en que esos lobbys económicos encuentren sus redes de influencia demasiado debilitadas por la crisis; y por supuesto, confiemos en la sociedad andaluza, que después de demostrarnos un alto nivel de responsabilidad política (a pesar de lo que pueda criticar la derecha mediática) deberá respaldar al gobierno que democráticamente ha elegido para salir de esta situación.


1Andalucía se rige por el artículo 151 de la Constitución de 1978, por lo que al igual que Euskadi, Galicia y Cataluña –artículo 152-, tiene un grado de autonomía mayor al del resto de comunidades, regidas por el artículo 143

viernes, 20 de abril de 2012

Apetece quedarse en casa pero hoy toca cambiar el mundo

23/03/2012--- Crónica

Suena lejano todo aquello de #PrimaveraValenciana, esas ocupaciones en universidades de toda España, aquella huelga del 29 de febrero. Ha pasado casi un mes pero no nos rendimos. Algunos creen que ya hemos hecho el paripé y ya estamos conformes. Pero no es así.

La noche es fría y húmeda en Cerdanyola del Vallés el suelo está mojado y lo único que apetece es llegar a casa y meterse en la cama, después de todo parece que el invierno haya vuelto en todo los sentidos. Pero hoy nada es igual que siempre aquí en la UAB.

Hace ya tres días que en la facultad de letras no hacen clases, una asamblea de casi 700 personas, según los estudiantes, consensuó suspenderlas y se declaró en huelga hasta el día 29.

La facultad de comunicación también está ocupada pero la vida docente sigue su curso solo cambian las paredes y el Aula Magna. Las paredes están decoradas con pancartas como “Estudiant, defensa els teus drets” o “Ja n’hi ha prou, comença la lluita”. En el Aula Magna ya no se da clase a diferencia de cómo se venía haciendo desde septiembre y en la puerta hay un piquete informativo que llevan los estudiantes. Durante todo el día hay charlas y actividades que llevan a la reflexión y como cada noche, a las 10 la asamblea.

La de hoy es una asamblea importante. Una reunión en la que se tratará el orden del día de la asamblea de mañana a las 12, ¿seguimos ocupando o nos vamos? ¿paramos las clases? Esas son las preguntas que se tratarán en la asamblea del día siguiente.

Son las 22:32 hoy la asamblea se retrasa media hora. Un grupo de personas pega las últimas caladas a sus cigarros de liar en una de las puertas laterales de la que según dice el decanato es “la mejor facultad de comunicación de España” ¡Viva la modestia y sobretodo la objetividad!
Los demás esperamos dentro ya preparados mientras otros van llegando.

Derepente una voz grita “Asamblea, asamblea” y la gente se acerca al lugar que durante 4 días ha sido testigo de quejas, impotencia, discusiones e ideas. Muchas ideas.

No somos muchos 32, quizás. Nos sentamos en círculo justo en el pasillo más concurrido de la facultad. Ese es el pasillo donde está el bar, los platós de televisión, los estudios de radio y nuestra querida Aula Magna. Parece increíble que durante el día circule por ahí tanta gente y en uno de los momentos más importantes solo seamos treinta. ¡Treinta! De 2500.

Empieza la asamblea y cada estudiante aleatoriamente va exponiendo sus puntos de vista: qué puntos debería tener la próxima asamblea, cómo se ha visto la semana, cosas a mejorar…

No discutimos, solo hablamos porque tenemos puntos de vista muy parecidos. Estamos unidos por y contra lo mismo. Somos conscientes de que mañana va a ser un día muy importante y que lo que queremos conseguir va a ser difícil pero en octubre no existía una asamblea de comunicación. ¿Cómo una facultad de comunicación no puede ser crítica? He aquí una de las paradojas del periodismo.

No me entra en la cabeza ¿cómo tenemos narices a criticar el modelo periodístico actual sin ni siquiera ser capaces de luchar por lo nuestro?, ¿cómo somos o seremos el cuarto poder sin tener capacidad crítica? Los periodistas son aquellos que vigilan al poder cuando todo el mundo está haciendo sus actividades diarias. Son esos seres que se enteran y cuentan a los demás lo que hacen los que (supuestamente) nos representan.

Y esos seres que van a hacer todo eso en un futuro inmediato no tienen una asamblea de estudiantes, no se mueven para criticar lo que está bien y lo que está mal. Pasan.

Bueno, lo que es peor, vienen con el discurso de “yo pienso que parar clases y perder días es perder el dinero de la matricula yo he pagado, es perder días de docencia y yo quiero aprender, yo quiero tener un buen futuro y para eso yo me tengo que preparar”

A todos esos yo pregunto,  ¿de que sirve hacer dos días de clases cuando estamos a punto de perder nuestros derechos? ¿De que sirve poder ir a clase dos días o incluso acabar la carrera cuando los que vienen detrás no van a poder pagarse una universidad pública y de calidad?

La diferencia entre los que no quieren luchar y los que lo intentamos es que ellos lo hacen desde el yo, desde sus intereses, nosotros no. Nosotros lo hacemos desde un “nosotros”. Luchamos para no perder NUESTROS derechos, luchamos por una verdadera universidad universal y para TODOS, luchamos para que TODOS los que vengan detrás no se encuentren con un panorama desolador. ¿De verdad es tan importante ir a clase dos días?

La asamblea se acaba a las 24h. Estamos contentos de ser al menos 30 personas que queremos cambiar el periodismo, la educación, el mundo y que hacemos algo para conseguirlo aunque sabemos que queda mucho camino. Sorprende la “germanor” con la que se hacen las cosas. Y parece que no, pero estamos coordinados. Desde la asamblea de letras, la que tiene más tradición, nos ayudan a organizarnos. Nuestra asamblea se divide en comités que se reparten las tareas: comité de difusión, comité de organización, de logística… Además contamos con la PUDUP que engloba profesorado, estudiantes y personal administrativo de la UAB que se han reunido todos los días de esta semana.

El de mañana va a ser un día importante y los días que lo sucederán más si cabe. Días cargados de reivindicaciones, asambleas, clases alternativas y críticas, lucha, piquetes… ¿Todo esto para que? Simplemente porque cada vez que veo a un alumno de cuarto que dice que él luchó contra Bolonia a pesar de que no le afectaba, porque al fin y al cabo era de licenciatura, no se como darle las gracias solo por intentarlo. A él no le tocaba, pero lo hizo, lo hizo por los que veníamos detrás. Yo no se si la situación nos afectará directamente a nosotros, pero sí estoy segura de que si la universidad del futuro es una mierda, quiero tener la conciencia tranquila para poder mirar a los ojos a los que vengan.

Guanyarem!!!

viernes, 13 de abril de 2012

¿ES LA REPÚBLICA LA SOLUCIÓN?

14 de abril de 1931. Los concejales republicanos del ayuntamiento de Eibar, y tras ellos los de las principales capitales del país declaran la Segunda República Española. Los españoles salen a la calle a celebrar tan esperado acontecimiento. La república no solo significaba la marcha del monarca, sino la renovación completa de la sociedad y la política españolas, el cambio que todos esperan. Los jornaleros sin tierras, obligados durante el invierno a pasar hambre y vivir del escaso ahorro que producen sus jornales en verano, por fin aspiran a conseguir un pedazo de tierra que asegure la subsistencia de sus familias; los trabajadores industriales, esperan que el nuevo régimen traiga consigo una mejora de sus penosas situaciones de trabajo; catalanes, vascos y ciudadanos de otras naciones dentro del territorio español aspiran a conseguir un gobierno autónomo que les permita gestionar mejor sus necesidades y su identidad.

Todos ellos esperan, en resumen, un cambio, y eso es lo que celebran el 14 de abril en las calles. Otros, sin embargo, miran con recelo al nuevo gobierno, y la creciente fuerza de los socialistas. Para las personas tradicionalistas, república es sinónimo de desorden, de caos.

Pronto empezarán los problemas de la joven república: las trabas impuestas por la jerarquía militar y eclesiástica, así como por los grandes terratenientes, impide llevar a cabo la modernización, y la población se siente frustrada, defraudada, y comienzan los disturbios. Los colectivos obreros comienzan la “revolución de los desposeídos” por su cuenta, por la cuenta de la necesidad y los grandes ideales. Es entonces cuando sucede Casas Viejas, la dimisón de Azaña, el Gobierno radical-cedista, la represión de los mineros asturianos y los obreros catalanes, además de muchos otros conflictos que aumentan la temperatura social del país. Para cuando el Frente Popular llega de nuevo al poder, la Guerra Civil ya es inevitable.

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Hoy es 14 de abril de 2012. Ante un gobierno que no ha necesitado más de 100 días para demostrar a los españoles su incapacidad para resolver los problemas del país. Este gobierno, por el contrario, toma medidas cada vez más radicales y perjudiciales para la población en beneficio de una pequeña élite que domina el sistema económico, los culpables del hundimiento de la economía del país. Ante esta situación, sumado al creciente descrédito de la monarquía por el caso Urdangarín, el nombre de la república aparece en las bocas de los ciudadanos de manera inevitable. La posibilidad de que dentro de menos de una década se instaure en nuestro país un régimen republicano existe, y tiene cada vez mayor probabilidad de llegar a ser una realidad. Ahora bien, si queremos hablar de una Tercera república, debemos tener en cuenta un par de cosas.

La primera de ellas tiene que ver con el 14 de Abril de 1931, así como con la propia palabra de República, y el significado que le damos en nuestro país. Aquí debemos tener presente que una república, en el lenguaje político de nuestro país no es solo un régimen en el que el jefe de estado es elegido democráticamente y no por pertenecer a una determinada familia. Una república es, para los republicanos españoles, un cambio, una modernización de la sociedad y la política, que tiene como fin único y principal mejorar las condiciones de vida de las personas que habitan ese país. Para el jornalero andaluz de 1931, la república era buena porque debía traer consigo una reforma agraria que le diera los medios para mejorar su vida y sus condiciones de trabajo. Para el ciudadano español de 2012, una república tiene que venir acompañada de un cambio. No podemos, pues sería una ofensa histórica, permitir una República en la que una élite de políticos y grandes financieros incompetentes y corruptos acaparen los frutos del trabajo de todos, mientras la ciudadanía se mantiene a la espera de que caigan las migajas del pastel –o del ladrillo- que se están repartiendo sus dirigentes. No podemos permitir una República en la que desde el más humilde ayuntamiento hasta los ministerios del Estado, pasando por órganos de gobierno provincial y autonómico, estén dominados por corruptos cuyo único interés es coger el pedazo más grande que puedan del pastel antes mencionado. No podemos permitir una república, en definitiva, que permita que familias enteras se queden en la calle por la codicia de un banco, que obreros honrados y trabajadores sean despedidos injustamente, que barrios enteros vivan al borde del abismo de la exclusión social. Si algún día declaramos una República que lo único que haga sea sustituir al monarca por un jefe de estado, habremos fallado al propio republicanismo español.

En cuanto al segundo punto, éste tiene relación con la Segunda República, y la memoria histórica. Hagamos justicia a un gobierno democrático que fue derrocado por un golpe militar, condenemos de una maldita vez los juicios de responsabilidades políticas y las purgas y ejecuciones por razones de militancia política que se vinieron celebrando, con el respaldo oficial del Estado hasta los últimos años del régimen1;recordemos, a fin de cuentas, al franquismo como lo que fue, un régimen criminal. Ahora bien, no nos precipitemos al idealizar a la Segunda República, pues si hubiera sido un régimen tan perfecto, no habría tenido éxito el pronunciamiento del 17 de julio del 36. Fueran cuales fueran las causas del fracaso de la política republicana (las trabas de los privilegiados, la pésima situación económica, el clima revolucionario propiciado por agrupaciones obreras), estas existieron, y también los republicanos debemos hacer un ejercicio de memoria histórica autocrítica, para evitar caer en los errores del pasado.

A la pregunta, ¿Es la república la solución? Tomando como definición de República lo antes descrito, lo es. Teniendo en cuenta que las ciencias sociales no podemos emitir juicios completamente ciertos, sin duda un régimen más democratizado, más transparente y más social -quitémosle de paso el Rey, y llamémosle República- , es la mejor opción que tenemos.


1P.ej: Cipriano Martos, (1973); Salvador Puig Antich (1974),

sábado, 31 de marzo de 2012

Cosas de negocios


El mundo de la medicina y la tecnología van cogidos de la mano, que uno avance es esencial para que lo haga el otro. Es indiscutible que se han hecho progresos impensables tiempo atrás, no solo respecto a otros siglos, pues en pocas décadas ha habido un salto abismal. Pero lamento si alguien ya se estaba poniendo optimista pues no es oro todo lo que reluce.
El problema por supuesto no son los avances, es que la investigación es mayoritariamente privada, y además la pública se ha recortado. De hecho, es curioso que España, que suele seguir las directrices que vienen de Europa en busca de su complacencia como el niño que espera una golosina, justo en este punto va y se le ocurre ir a contracorriente. Pues los países de la UE están intentando llegar a un 3% del PIB en Investigación+Desarrollo+innovación y a nuestro Gobierno se le ha ocurrido bajar a un 1’39. Pero ¿Qué significa esto realmente? Pues que los proyectos organizados desde el Estado en teoría buscan solventar problemas que una empresa no se dedicaría a analizar porque no le resultaría beneficioso económicamente hablando. La sanidad, entre otros, es uno de los considerados gigantes del bienestar. Si dejamos que sea el ámbito privado el encargado de investigar para acabar con enfermedades aún existentes, o al menos paliar sus perjuicios, y de proporcionar las soluciones; estaremos permitiendo que conviertan a lo más importante, que es la vida, en un negocio (Sí, más aún…)
Porque las empresas no se van a arriesgar a invertir su capital si saben que luego no lo van a recuperar mediante las ventas, aunque intenten algunas dar imagen de filántropas. Entonces ¿que sucedería? Que solo podría tener una buena asistencia sanitaria quien tuviera dinero, y de sobras sabemos que no tiene más quien más merece. Aunque realmente esto ya sucede como veremos a continuación. A causa de este fallo del mercado, el Estado debe actuar, por eso atenta contra el bienestar de la población que se recorte en sanidad e investigación.
Y precisamente por tolerar que la medicina sea un affaire se encuentran casos de injusticia sobrecogedora. Porque por ejemplo el sector de la cirugía estética no se ha visto fuertemente afectado por la crisis, y no estoy refiriéndome a las operaciones por necesidad, sino a aquellas motivadas por la superficialidad de una sociedad corrompida por un concepto de belleza que ahoga a aquellas personas que aspiren a llegar a un ideal que en realidad no es más que un buen trabajo de photoshop, pero este es otro tema. Lo que nos debe hacer reflexionar es que España es ya uno de los países cuya población más recurre a estos tratamientos. Y además con la mundialización se está exportando hasta un prototipo destinado al mercado, por ejemplo, en Japón aumentaron las operaciones para asemejarse a las occidentales.
Pero a pesar de quien afirma que el aspecto físico mejora su autoestima y por lo tanto mejore su bienestar, no siempre se consigue el resultado buscado e incluso pueden surgir complicaciones siendo peor el remedio que la enfermedad (aunque de lo que estoy hablando no tenga nada de enfermedad). In facto, no suele ocurrir pero ha habido más casos de problemas derivados de los aumentos mamarios, de cambios de nariz, etcétera, de los que aparecen en los medios. Incluso se han realizado estudios que demuestran que el botox afecta a la lectura de las emociones, al paralizar líneas de expresión éstas no llegan adecuadamente al cerebro. De modo que termina afectando a la propia empatía que pueda sentir una persona.
Pero vayamos al epicentro de la cuestión que pretendo abordar, mientras el mercado de la estética y dietética intentan “vender felicidad”, aumentando sus ingresos y realizando sus avances para que quien pueda permitírselo se parezca a Brangelina; La malaria sigue siendo la enfermedad infecciosa parasitaria que a más población impacta a escala mundial, sobre todo en las zonas de clima tropical y sub-tropical según la OMS. Cada año, sobre unos 500 millones de personas contraen dicha enfermedad, un millón muere, y entre estos el 85 % no han llegado ni a los cinco años de vida. Pero la industria ignora estas cifras con el motivo de que no les sería rentable, los gobiernos de estos países no se hacen cargo y desde los países desarrollados no se actúa porque están demasiado preocupados por la prima de riesgo, por ganar elecciones… Bueno, si están ignorando la propia sanidad el país nadie espera que vayan a intentar salvar a personas a quienes ni siquiera se les pone rostro. Por eso he querido mostrar, aunque sea con esta simple foto, que sí son personas de carne y hueso, por ejemplo este indefenso niño de Uganda que padece paludismo.

Pero además de la malaria sucede algo similar con el sarampión, la diarrea, las muertes por parto, y enfermedades de transmisión como el VIH, que se incluyen como algunas de las mayores causas de muerte en estas zonas. Por ejemplo, un cuarto de los fallecidos por el SIDA se dio en África. De los afectados, tan solo el 8% tiene acceso a tratamiento. En Europa y América se sitúa entre el 0 y el 9% de casos registrados y estos se suelen resolver, por lo que los recursos existen, pero están monopolizados en los países ricos (vamos a dejarnos de eufemismos). Asia y parte de Oceanía se encuentran en un escalafón más alto que las zonas africanas más próximas al ecuador, pero tampoco salvan sus datos.
Por eso es tan importante que se actúe desde otro organismo que no sea el libre mercado, ingenuos de los que confían en las bondades de su propia regulación. Y si desde los Estados no se interviene suficiente, ni desde la Organización de Naciones Unidas, desde luego no va a ser la industria médica la que por propia iniciativa de más prioridad a erradicar enfermedades que matan a diario a individuos desprotegidos, que a áreas tan rentables como aquellas que citaba a principio del artículo; ni por supuesto tampoco en otros medicamentos que serían fácilmente sustituibles por remedios absolutamente naturales.
Así que mientras siga primando el ganar dinero frente a salvar vidas, aunque suene hiperbólico; mientras se prefiera no ver la realidad a verla negra, en un lugar aumentaran los senos y en otro no tendrán qué mamar.


martes, 27 de marzo de 2012

Bienestar

Está claro que todo el mundo puede responder a la pregunta ¿qué es el bienestar? Y seguramente muchos responderían con imaginativas ocurrencias.

No obstante, el significado concreto de bienestar del que quiero hablar hoy va por otros prados, en concreto tiene relación con nuestro querido (aunque no por todos) Estado del Bienestar. En sociología, las fuentes de Bienestar (el trabajo, la familia y el Estado social) son aquellas organizaciones o agentes sociales que constituyen nuestro sustento, nos aportan recursos y protección (luego volveremos sobre esto), y fundamentalmente, constituyen la principal barrera ante la exclusión social. Una persona que no tiene recursos por vía del trabajo, como los niños, los jubilados, los parados o los dependientes, puede estar perfectamente integrado en la sociedad, incluso contarse entre los miembros de las clases acomodadas, si cuenta con el sustento de su familia, o del Estado social. Estos pertenecen a lo que se llama “pobreza integrada”, y los considero un ejemplo bastante ilustrativo para comprender el concepto de “fuentes del bienestar”.

Ahora bien, ¿qué pasa cuando las fuentes del bienestar desaparecen? La respuesta es simple: pobreza económica y exclusión social. Cuando una persona que no cuenta con un trabajo pierde el sustento de su familia, o la subvención del estado, entra en un proceso de deterioro no solo de su economía, sino de sus relaciones sociales y personales o su vida cultural.

Pues bien, esto es lo que está pasando en los últimos tiempos. Con los continuos ataques al estado social se desmonta el primer pilar del bienestar; con la desregulación y flexibilización del mercado de trabajo se convierte al segundo pilar en una estaca quebradiza que en cualquier momento puede astillarse y ceder. Por último, solo queda el sustento de la familia, en pleno proceso de reestructuración (que no desestructuración) debido a los cambios en los modelos familiares, y a la vez también sustentada por los otros dos pilares, por lo que constituye un apoyo cada vez menos firme.

A éste análisis, que para muchos habrá sido un empacho considerable de sociología, es a la que uno llega cuando se plantea las causas del aumento de la pobreza y la exclusión. No obstante, falta un punto, el esencial en este artículo. Esta situación provoca una reacción: la incertidumbre. Aunque la población no sea consciente en términos sociológicos de este cambio de tendencias en las fuentes del bienestar, son conscientes de que algo está perdiendo certeza en su día a día. La función principal de los agentes del bienestar, que es proporcionar seguridad y un horizonte de futuro mínimamente estable, se debilita, ya no puede ser satisfecha por las fuentes clásicas. El efecto de esto es tan simple como desolador: se produce una demanda de bienestar. Y por doquier surgen ofertas dispuestas a satisfacer esa demanda:

De un tiempo a esta parte, hemos observado en el lenguaje publicitario de ciertas empresas de seguros el predominio de palabras como “protección” o “cuidado”. Es algo congénito a las propias aseguradoras, pero es destacable la apropiación de emociones normalmente ligadas al ámbito de la familia. “Nadie te cuida como yo” o “Personas que cuidan de personas” son frases que remiten a los deseos más básicos del ser humano, esos mismos que están siendo amenazados. Desaparecen las fuentes tradicionales de bienestar, pero entra en escena un nuevo actor: el Mercado. Se trata de un actor que lucha por hacerse con cada ámbito de la vida, y la provisión de bienestar no iba a ser menos.

Ahora bien, cabe hacerse una última reflexión. Debemos saber quién nos está vendiendo este bienestar. Los productos de las aseguradoras no nos los venden un entrañable erizo, o un tenista de élite. Ni siquiera nos los venden los amables asesores de los anuncios.

Los seguros, este bienestar de pago, nos los venden las grandes compañías de seguros que juegan a especular con la deuda de los países, forzando a gobiernos a recortar en prestaciones públicas. Y son primos hermanos de los bancos que mantienen la economía en una nube de inestabilidad, y que luchan por convertir el mercado de trabajo en un completo ir y venir de precarios. O han tenido mucha suerte, y han sabido aprovechar la debilitación de las principales fuentes de bienestar, y la oportunidad de negocio que ha generado, o bien aquí a alguien le ha salido la jugada redonda. ¿No será que nos han quitado el pan para luego vendernos las migajas? Piénsese.


sábado, 24 de marzo de 2012

¿Una mentira mil veces repetida, se convierte en verdad?


Aún recuerdo cuando “ponte el cinturón” era simplemente un anuncio de tráfico, un consejo para un infante o una canción graciosa. Ahora el significado, como prácticamente todo, adquiere términos económicos. Nos hablan a todas horas de austeridad, de sacrificio, de que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades… Tanto se ha oído que ha penetrado en las entrañas de la sociedad, siempre y cuando no se estuviera prevenido. Pero como dijo el economista Sampedro, si hemos vivido por encima de nuestras posibilidades es precisamente porque hemos tenido esa posibilidad, porque los bancos lo han permitido, porque los políticos llevaron a cabo una política desregularizadora, ojo a las falacias.

A esto Noam Chomsky le llamaba estrategia de gradualidad, y como el propio nombre indica se trata de aplicar una medida poco a poco, discurso a discurso, hasta que por fin se consigue la imagen no solo aceptable sino incluso necesaria. En el caso de España, el ámbito político y los medios de comunicación han hecho muy bien su labor. Los partidos políticos que han tenido y están teniendo que hacer frente a la crisis lo tienen muy claro, ya comenzó el PSOE el trabajo “sucio” de los recortes, sorprendió más porque el nombre engaña, por lo de socialista y tal. Luego llegó el PP, con mayoría absoluta, en las urnas que no en la población. Porque eso de que España haya dado un giro a la derecha es muy relativo, el porcentaje de ciudadanos que votó al PP fue el 30.37 % por lo que quizás deberían replantearse si todas las políticas que hagan estarán totalmente legitimadas, pues hubo un 31’06 de abstención. Porque en estas elecciones han ganado con 10.866.566 votos, pero en 2008 obtuvo 10.278.010, no parece un aumento tan significativo como para afirmar que un país entero se haya movido hacia una ideología.

Resaltado este hecho, ya podemos comenzar con la explicación de la nueva reforma laboral según el Real Decreto de Ley 3/2012. Lo que Rajoy habló a susurros ya es un hecho, a la huelga se irá el 29 de marzo. Porque se señala sin cesar la importancia de la productividad, pero si se bajan los salarios bajará la productividad. Esto se debe a que admitámoslo, España no es un país esencialmente exportador, la mayoría de la producción se origina en las Pequeñas Y Medianas Empresas, es decir, en el mercado interior. Si los economistas y expertos hablan como la economía si fuera una ciencia meramente matemática entonces sabrán calcular que si la gente cobra menos, consumirá menos, ergo las empresas ganaran menos. Y si obtienen menos beneficios no creo que contraten a más gente por muy flexibles que sean las condiciones. Todo esto por la obsesión por reducir los costes de producción obviando los factores humanos que hay detrás.

Además, si seguimos adelante con la reducción laboral, la recaudación de impuestos también será menor. Porque no se plantea hablar de buscar nuevas fuentes de ingresos como subir los impuestos a los que más tienen, al contrario, la carga impositiva recae al grueso de la población a la que se justamente se recorta. Igual que cuando se afirma que salario alto es antónimo de crecimiento económico, hasta la crisis los beneficios de las empresas subieron más que los salarios y no es una coincidencia. Pero parece que nadie osa despertar a Keynes de su tumba, el neoliberalismo conviene a algunos y han sabido conseguir que muchos a quienes les perjudica terminen por aceptarlo, votarlo y hasta reproducir sus lemas cuales loros.

Otro punto es el despido, que no ha sido tan rígido como la Patronal y la COE proclaman o la tasa de paro no se explica. Si se facilitan los despidos y llegamos al despido libre ya nos podemos despedir de la huelga como mecanismo de defensa de derechos laborales, pero esto no es lo más grave. Si tan solo presentando que la empresa no ha tenido tantos beneficios como el año anterior, aunque no haya pérdidas, ya se facilita el despido, se puede confiar en la bondad de los jefes, pero cualquier excusa bastaría para decir adiós. Esto también afecta a la temporalidad de los contratos, que paulatinamente se ve incrementada, pero flexibilidad se va acercando más a precariedad que a prosperidad. Y un sector que no tardará en verse afectado es el de las mujeres, pues si en España ya se daban casos de dificultad de acceso al trabajo por todo el tema de la maternidad y demás, ahora para conseguir la conciliación la sociedad va a tener que luchar más aún.

Y si hay algo que caracteriza la reforma laboral es su influencia de la llevada acabo por los germanos, Alemania ha sido tomada como paradigma y admiramos sus tasas y datos sin observar realmente más allá. Porque que hay menos paro está claro, pero ¿a que coste? En el país que nos sirve de modelo existen los mini-Jobs, trabajos cuyo salario no podría mantener a una persona independiente, ha aumentado el número de habitantes que viven por debajo del umbral de pobreza y también hay muchos españoles cualificados trabajando en McDonald, aunque todos los que aparecen en Callejeros Viajeros parezcan muy felices y muy prósperos. Por eso no debemos dejarnos engañar por las cifras, porque aunque el objetivo del Gobierno sea maquillarlas para obtener la imagen exterior que tanto desea, como Mark Twain escribió: Hay tres clases de mentiras, la mentira, la maldita mentira y las estadísticas. En definitiva, todos los pasos que demos atrás habrá que volver a andarlos cuando queramos avanzar. Y más cuando los convenios colectivos han sido modificados en detrimento de los trabajadores y trabajadoras. Porque el mayor problema que se vincula a todos los cambios laborales y en lo referente a otros ámbitos, es que se están proponiendo como soluciones a la crisis y están asentando las bases del camino que queda por recorrer y que a pesar de encontrarnos en el momento de más progreso tecnológico, se está retrocediendo en materia laboral y más allá, en la propia ética y moralidad.